Secreto 100% real aunque no lo parezca - parte 2

Soy Hombre de años de edad

Bueno en vista del éxito que tuvo el secreto que publique (se llama secreto 100% real aunque no lo parezca) voy a publicar la segunda parte del mismo.

Hago un breve resumen del anterior secreto: Cuando tenía 19 estaba yo en una muy mala situación económica, pasando hambre y necesidades, cuando doña Marta, una señora cuarentona madre de una chica llamada Sandra que tenia síndrome de down, me propuso algo que no pude rechazar: pasó prácticamente a mantenerme pero a cambio yo debía satisfacer las necesidades sexuales de su hija. Yo acepté y pasé tres fabulosos años al lado de ellas dos, complaciendo a Sandra y, y aquí viene la segunda parte de mi secreto, un tiempo después a la propia doña Marta.

Después de mudarme a la casa de doña Marta para pasar a ser el amante “oficial” de Sandra, empezó para mí una época de bonanza. Después de pasar muchísimas necesidades, aguantar hambre y casi desmayarme por física falta de alimentos, se me apareció la Virgen en la forma de doña Marta. No solo tenía vivienda, comida gratis y una pequeña mesada, sino que además tenía a mi disposición a Sandra a quien incluso tuve el privilegio de desvirgar y llenar de semen por primera vez en su vida. Todo con la anuencia de doña Marta, quien quería que los impulsos sexuales de su hija tuvieran un adecuado desfogue. Aunque doña Marta me asignó una habitación en su casa, yo solo dormía ahí cada dos o tres días a la semana, pues los restantes estaba ocupándome de Sandra, con quien me quedaba a dormir después de tener sexo. Así transcurrieron más o menos tres meses en los que recuperé todo el peso que había perdido y para pagar además en algo mi estancia en la casa, procuraba hacer labores domesticas, cocinar y similares. Doña Marta estaba muy contenta con mi presencia en la casa y me trataba mejor que nadie. Por las noches cuando me iba a la cama con Sandra, ella me decía que no cerrara la puerta (no le gustaba cerrar ninguna puerta por temor a que Sandra se quedara encerrada) y siempre lo hacíamos con la puerta abierta. Después de todo solo vivíamos los tres ahí.

Al principio todo transcurrió sin contratiempos, pero todo empezó a cambiar un día en el que estaba montando a Sandra con la puerta abierta y sin cubrirnos con nada. La cama de Sandra daba prácticamente de frente a la entrada de la habitación, así que al pasar al frente se veía absolutamente todo. Esa ocasión yo estaba dándole a Sandra con especial ahínco pues había tenido que viajar fuera de la ciudad por cuatro días y llevaba todo ese tiempo sin sexo, y por mi ansiedad no me percaté que disimuladamente doña Marta nos estaba mirando desde afuera de la habitación. Acabé con una tremenda eyaculada y un grito de placer y en ese momento no se por qué volteé la cabeza y la vi: doña Marta vestida con una levantadora en la puerta viendo todo con una mano sobre sus partes. Al percatarse que la vi, se cohibió de inmediato y se fue algo avergonzada. Yo también me sentí algo avergonzado y pensé en ir a hablar con ella cuando Sandra se durmiera. Y así lo hice: golpeé en la puerta entreabierta de su habitación y pasé. Le dije que me sentía avergonzado por lo que había visto y que la verdad no me había percatado que ella estaba viendo. Doña Marta me dijo que no tenía de qué estar apenado y que había sido una indiscreción de ella quedársenos mirando, pero que la verdad la había excitado mucho lo que había visto. Hablamos un rato y me dijo que ella a pesar de su rol de madre, aun era mujer y tenia deseos y que hacía ya un par de meses había roto con su novio (un viejo cincuentón horrible, elegante como un moco en la pared) y que llevaba ese tiempo de abstinencia. Le pregunté que qué había pasado y la respuesta me sorprendió: que el viejo pese a que tenia tremenda verga enorme, no aguantaba más de dos o tres minutos en acabar y la dejaba a ella con todas las ganas y que la frustración le ganó y lo mando al chorizo. Me dijo que en parte envidiaba a Sandra porque me tenía para ella y que esa no había sido la primera vez que nos miraba (ehhh?? WTF??) y que se había dado cuenta que yo me preocupaba porque Sandra sintiera mucho placer, cosa que con el viejo aquel a ella no le pasaba. Yo la verdad solo escuchaba pero yo ya me estaba dando cuenta para donde iban las cosas. Siguió hablándome: que se sentía sola y que tenerme en la casa había sido muy bueno para ellas, bla bla bla, casi una hora después de oír muchas cosas y después de vacilar un poco me lo dijo: que poco a poco me había cogido mucho cariño y que la verdad era que yo le estaba gustando… mejor dicho que le gustaba mucho. Ese fue el punto de no retorno. Me senté al lado de ella en la cama y la abracé y lo demás corrió por cuenta de ella: buscó mi boca y empezó a besarme, al principio con suavidad, después más fuerte y después casi con ganas de arrancarme los labios. Yo solo me dejé llevar por ella, y cuando menos me di cuenta, estaba debajo de ella, mientras ella con mucha ansia me quitaba las dos prendas que tenía puestas (unos bóxers y una camiseta). Cuando lo hizo paró un momento y se quedó mirándome y me dijo (palabras textuales) “ay papacito, usted está muy rico! Y se arrojó de nuevo a besarme y yo, ya entrado en confianza, pues empecé a abrirle la levantadora. Resulta que no llevaba nada debajo (solo los panties) así que sus tetas quedaron prácticamente en mi cara. Eran bien grandes, casi iguales a las de Sandra y obviamente empecé a chupárselas con desespero. Pese a que me había descargado en Sandra hacia relativamente poco, mi pene reaccionó con furia para alegría de doña Marta. Antes que pudiera decirle nada ya se lo había metido en la boca y lo chupaba con ansias locas. En ese momento me turbé un poco puesto que como había estado con Sandra, aun estaba untado de la mezcla de su flujo y mi semen, pero pues ya no podía hacer nada. Solo me dejé llevar. La verdad es que doña Marta era una mamadora experta y nunca antes me habían dado una chupada así, así que a los pocos minutos empecé a sentir que la eyaculada era inevitable. Sin embargo doña Marta se dio cuenta de eso y se detuvo a tiempo. Dejó que me calmara un poco y me miro pícaramente mientras me decía “papacito, la lechita aquí abajo” y ella misma se quitó los panties. Que espectáculo: una vagina deliciosa, bien peluda (justo como me encantan) y mojada a más no poder. Simplemente fue más de lo que pude aguantar: me fui derecho a meter la lengua en medio de todos esos pelos. Su sabor era algo fuerte, pero muy excitante, así que empecé a lamerla con tremendas ansias. Me concentré en su clítoris, que estaba ya bien hinchado. Doña Marta empezó a gemir bastante, mientras me apretaba la cabeza contra su intimidad. Yo casi no podía respirar, pero no me detuve y seguí, seguí, seguí, hasta que pasó: doña Marta tuvo tremendos orgasmos seguidos y empezó a botar lubricante por montones. Obviamente yo me lo tragué todo, hasta la última gota. Cuando acabé, me haló hacia adelante, tomó mi pene y ella misma lo dirigió a la vagina. Yo se lo hundí todo de un solo golpe. Ella solo gritó un poco y me abrazó con fuerza. Empecé a bombearla y me di cuenta que ella tenía lo que en Colombia llamamos chupadera (no sé cómo lo llamen en otros países, pero es una condición especial que solo pocas mujeres tienen y que consiste en que la vagina como que aspira el pene estando adentro. Es como una mamada dentro de la vagina y estimula demasiado). Fue espectacular. Yo solo había oído de esa condición, pero no la había experimentado y es simplemente lo máximo. Le di con fuerza, pero la verdad es que no pude aguantar mucho. Creo que no habían pasado más de cuatro o cinco minutos y ya no resistí más: me dejé venir con todo adentro de doña Marta. Pese a que estaba descargado, me vacié integro y el semen inundo por completo a doña Marta. Sentía con fuerza las palpitaciones de su vagina, como exprimiéndome hasta la última gota. Me quedé tendido encima de ella, agotado, pero aun adentro. Cuando le saqué el pene, una enorme gota de semen se asomo por la vagina y empezó a bajar hacia las nalgas. Me quedé viendo el espectáculo y rendido me acosté a su lado. Doña Marta se echó encima mío y me besó los labios, al tiempo que me decía que hacía mucho, pero mucho que no tenía un sexo tan rico como el que le acababa de dar. Luego de eso, hablamos un poco de todo, de cómo serian ahora las cosas y eso. Me dijo que yo debía seguir con Sandra, pero que ella también quería seguir disfrutándome, así que tendría que repartir el tiempo entre ambas. Yo maquiavélicamente calculé que para mí era más provechoso tener contenta a doña Marta antes que a Sandra, asi que mientras esto durara, mejor le daba prioridad a ella que al fin y al cabo era la que me estaba manteniendo. Después de eso, ella me pidió que me quedara a dormir con ella al menos por un rato antes de volver con Sandra y así lo hice. El cansancio me venció y al poco rato me quedé dormido abrazándola.

Me desperté un par de horas después y fue porque dormido había tenido una erección, que doña Marta sintió y no dejó pasar, así que en ese momento estaba dándome una mamada que fue la que me despertó. Como dije antes, era una mamadora experta y me excitó mucho como lo hacía. No dejaba zona sin chupar. Ojalá más mujeres lo hicieran así. Creo que pasaron unos diez minutos cuando sentí que iba a acabar, y ella también se dio cuenta, asi que aceleró el ritmo. El resultado obviamente fue que me vine en su boca. Ella se quedó quieta, dejando que el semen fluyera libremente. Cuando acabé vi como saboreaba el semen antes de tragarlo. Y una vez que se lo bebió, volvió al pene para terminar de exprimir las gotitas que quedaban aun dentro. Luego se acercó a besarme y me dijo que mi leche estaba muy rica y que se moria por beberla de nuevo. Desde ese momento me di cuenta que doña Marta, pese a su aspecto de seriedad, era una mujer ardiente, fogosa como pocas y tremendamente sexual. Por unos breves momentos pensé que me estaba metiendo en algo que me sobrepasaba, pero nuevamente recordé que ella me estaba manteniendo así que me mentalicé que yo estaba a su disposición y que si ella quería usarme a su acomodo, estaba en su derecho de hacerlo. Y después de eso le dije que siempre que ella quisiera, yo estaría ahí para complacerla. Oír eso le alegró mucho y me dijo que descansara un rato para volver a coger fuerzas para otra cogida..oh God! Pese a que tenía sólo 19 y tremenda potencia, con semejante mujerón mis fuerzas estaban teniendo tremenda prueba. Como sea, más o menos a los 20 minutos ya estaba yo listo para otra dosis, que en esa ocasión fue vaginal y, cómo no, con acabada adentro, aunque claro fue menos cantidad. Doña Marta de nuevo tuvo al menos tres orgasmos fuertes y no sé cuantos más suaves, pero se notaba lo mucho que estaba gozando. Esa ya era mi cuarta acabada en menos de cuatro horas y ya el cansancio me estaba pasando la cuenta de cobro. Doña Marta se dio cuenta y con una sonrisa y una palmada en mi nalga, me dijo que me fuera a dormir con Sandra, pero que me esperaba mañana para continuar. Yo me fui al cuarto de Sandra y caí rendido. Más o menos a las 5 am, doña Marta estaba a mi lado, me despertó y me dijo que antes que Sandra se despertara, fuéramos un rato a su habitación..de nuevo. Afortunadamente las fuerzas no me abandonaron y pude responderle bien a doña Marta (sin duda su vagina especial incidió mucho en eso), pero ya en ese momento tenía los huevos secos y el semen que pude ofrecerle fue poco.

A partir de ese momento estuve siempre a disposición de doña Marta y en menor medida de Sandra. Prácticamente tenía sexo con doña Marta casi a diario y con Sandra un par de veces a la semana. Si bien al principio pude soportarlo bien, el desgaste se hizo notar pronto pues doña Marta era en verdad demasiado exigente y no quedaba tranquila si no me sacaba como mínimo dos y a veces hasta tres corridas por sesión. Afortunadamente ella se percató de ello y empezó a incluir en mi alimentación muchos frutos de mar y jugo de una fruta afrodisiaca llamada borojó muy común en Colombia. Sugestión o no, pero estos alimentos me ayudaron bastante a responder adecuadamente a las exigencias de doña Marta.

Tiempo después doña Marta incluso incluyó a una tercera mujer en nuestra relación, puesto que ella también tenía sus inclinaciones bi. Eso es otro secreto y dependiendo de los comentarios de este que acabo de contar, me animaré a escribir más al respecto, pero anticipo desde ya que las cosas fueron subiendo de tono.

1 comentario:

  1. Wow!!! Que buen secreto. Largo pero muy bueno. Se me paro y todo. La tercera parte para cuando.? X

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