Una niña me provocó

By | 11 noviembre, 2017

Soy Mojojojo de 39 años de edad

Soy hombre y tengo treinta y nueve años de edad. Hace algunos años una niña me provocó de manera sorprendente. La situación fue la siguiente: En una escuela primaria durante algunos días al finalizar el horario de clases estuve realizando un trabajo particular. En el lugar solo permanecían una encargada y su hija la cual estudiaba el quinto grado de primaria en la misma institución. Son personas conocidas para mí de hace algún tiempo. Mientras su madre realizaba algunos arreglos en el patio del colegio y otros salones, la niña platicaba y jugaba pasando las horas junto a mí, sin maldad claro está puesto que me gustan las niñas, no tengo hijos y si llegase a tener algún día espero que sea una princesa.

Después de algunos días la niña de nueve años de edad me pidió guardar un secreto, especialmente que no le contara a su mamá, le dije que cualquier cosa le podría aconsejar y también que ante todo debería tomar en cuenta primero a su madre. Pero ella insistió y accedí a escucharla. Inmediatamente me sorprende pidiendo de una manera muy tierna que yo fuera su novio, tan solo imaginen a una niña de estatura bajita para su edad, muy delgada, piel blanca y suave, cabello castaño finamente lacio hasta media espalda, carita delgada con mentón ligeramente afilado, arropada con un vestido blanco con encajes rosa, calcetas y zapatos escolares. Claramente le dije que no, que no se podía porque era muy chiquita y al pronunciar estas palabras la niña entristeció, pero no perdió la oportunidad de invadirme insistentemente con la misma petición. Estuve a punto de decirle que cuando cumpliera dieciocho años aceptaría ser su novio, pero me detuve para no alentar su deseo. La niña terminó algo molesta y comenzó a tratarme con rencor. Platiqué con ella y después de unos minutos volvió aparentemente a la normalidad.

Mi asombro llegaría cuando ella comenzó a tomar la iniciativa y con mucha decisión. Varias veces trepó a la mesa más cercana junto a mí y pedía que le diera la mano, sin soltarme jugaba con mi piel por todo mi brazo hasta querer acercarse a mi cuerpo. Me abrazó varias veces y seguía pidiendo que fuéramos novios. Evidentemente me estaba cortejando e incluso yo comencé caer en su juego, cuidando que su madre no estuviera cerca. No asimilé el asunto dado que esa niña la conocí como una ternura. Mi mente comenzó a fatigarse y sentí algo de estrés por esta situación tan riesgosa. Me decidí a tomar asiento para descansar y relajarme cuando de pronto, la nena comenzó a trepar en mi cuerpo hasta quedar en cuclillas frente a mí, nos miramos a los ojos y allí es donde descubrí su mirada de deseo. Me abrazó un momento como si fuéramos novios y se da vuelta para tomar asiento en mis piernas, recostando su espalda en mi pecho. Mi corazón latía a mil por hora. La abracé nuevamente por que ella lo pidió tomando mis manos. Es allí donde al sentir su pequeño y aparentemente inocente cuerpo, provocó en mí una erección sin desearlo. Traté de moverme ligeramente para que no sintiera, aun previniendo que posiblemente era una interpretación errónea y pudiera generar una catástrofe, pero la pequeña mujer comenzó a someterme moviendo continuamente su cadera de frente hacia atrás. Me sentí atrapado, incapaz de tomar decisiones, esclavizó mis pensamientos. La rigidez de mi genero se acomodó entre sus pequeñas pompas aun sin desarrollarse. Comencé a sentir pequeñas descargas electrizantes recorrer mis brazos y piernas. Mis manos suplicaban explorar su entrepierna, tuve sed de sus labios y mi aliento agitado deseaba respirar el aroma de su cuerpo. En mi interior una voz gritaba desesperantemente, una y otra vez hasta que logré descifrarlo. “Detente, ahora mismo”. Desperté del trence y retiré a la niña, dejé pasar unos segundos para recuperarme y me reincorpore ocultando mi debilidad. Aun con mucha seguridad ella me cuestionó ¿entonces no?, le conteste que no. Se retiró como si nada hubiera pasado y afortunadamente no volvió a suceder. ([email protected])

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